Sexo universidad
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Estaba en tercer semestre de sociología en la Universidad Nacional, en adelante, la U. Tenía una asignatura compartida con estudiantes de otras carreras; Estadística.

Estaba en tercer semestre de sociología en la Universidad Nacional, en adelante, la U. Tenía una asignatura compartida con estudiantes de otras carreras; Estadística.
Maria Cecilia, que estudiaba Trabajo Social, altísima, grandota, linda, algo dientona, de gruesos labios y nariz fina, fue mi compañera para los trabajos de investigación. No sabía que yo le gustaba, en cambio ella me gustaba mucho pero la veía inaccesible; era tan correcta, tan recatada, siempre vestía como secretaria ejecutiva: Blusa blanca de cuello cerrado y manga larga, falda estrecha abajo de la rodilla, medias veladas oscuras y zapatos cerrados de tacón 4. Llevaba su cabello negro y largo cogido en cola de caballo.
Generalmente estudiábamos en la cafetería de mi facultad, la suya no tenía y la general era muy bullosa. Este sábado me invitó
– Vamos a mi casa. Mi mamá hace unas galletas de jengibre espectaculares.
– No le molestará?
– No creo, nunca he llevado a nadie, pero ella es muy querida, ya lo verás. – Su casa estaba a unas 8 cuadras de la mía.
Era de dos pisos y bella, franqueada por altos árboles, con enredaderas en las ventanas y con un portón de madera tallada. Con razón la veía inaccesible, eran ricos; yo había llegado a la U. becado. Mi casa era humilde, de un piso, allí vivíamos mi mamá, mi hermana mayor Rosaura, mi hermanito Javier y yo; mi papá nos había abandonado tres años atrás, se fue con una chica 20 años menor.
Mi mamá, María Magdalena, era una luchadora, en cuanto se vio sin dinero porque el viejo vació la cuenta de ahorros, se puso a cocinar; hacía un arroz chino sin comparación, bueno, creo yo porque era absolutamente exquisito, y salía a venderlo puerta a puerta; en unos meses tenía su clientela fija pero a pesar de todo no nos sobró la plata, los gastos casi siempre excedían los ingresos dada la calidad de los insumos, mismos que nunca quiso cambiar por otros más económicos. Decía que sus clientes se habían acostumbrado a lo bueno y cambiarlo sería perderlos.
Solo entrando quedé deslumbrado, se respiraba lujo, la sala estaba alfombrada de pared a pared y sus muebles eran grandes y confortables; tenían cuadros de pintores famosos, como Grau y Rivera, en fin.
Alternábamos estudio y conversación
– Ceci…
– Dime
– Me gustas mucho pero…
– Y tu a mí, pero qué?
– Eres de otra casta
– Qué? Crees que estás en India?
– Es que no puedo ofrecerte nada
– Te he pedido algo? Tu me ofreces lo que más me interesa, tu compañía y amistad, nada más me importa
– Pero si ni siquiera puedo invitarte a un helado
– Invítame, me agradaría mucho. Tómalo como pago. – Continuamos estudiando y tomando notas en su PC.
De pronto me tomó una mano, se acercó y me besó. Uy, estallaron miles de luces en el cielo, la tierra se sacudió, me sentí volando y la correspondí.
Nos besamos un rato tomados de las manos.
– Pára Ceci, me estoy excitando
– Estoy excitada también
– Terminemos por hoy… creo que tengo el pantalón mojado.
– Oh sí, espera trigo servilletas y el secador de pelo. – Me dejó limpiarlo y secarlo en el baño.
– Debo irme, tu lo entiendes, cierto? –
– Sí, cariño, pero prométeme que continuaremos
– Por supuesto. Tus besos… tú, eres del otro mundo.
En la U. andábamos tomados de las manos todo el tiempo – calzaba valetas para hacer menor la diferencia de altura – y nos dábamos besitos de vez en cuando. Oficialmente eramos novios.
Besándonos en el césped, cerca a la facultad de medicina donde hay un laguito natural con árboles y grandes helechos, nos excitamos y nos toqueteamos.
– Amor, buscamos una pieza? Hay un motel cerca de la portería grande
– Qué tal aquí, estamos solos y lejos de cualquier ser humano
– Desvestirnos aquí?
– No, bobito, no hace falta, ven – Vestidos hicimos el amor con ella senada sobre mí. Jamás podré olvidarlo… daba gritos de alegría llegando al clímax.
– Tendidos uno al lado del otro y tomados de las manos
– Fue maravilloso – dijo
– Espectacular diría yo – repuse – pero lo del motel tenemos que hacerlo
– Sin dudarlo, quiero verte desnudo.

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