Técnico en lavadoras

Hace dos años compré una lavadora de 8 libras en una prendería, la más pequeña que he visto hasta el momento. Me resultó fantástica por su bajo consumo de agua y electricidad

Hace dos años compré una lavadora de 8 libras en una prendería, la más pequeña que he visto hasta el momento. Me resultó fantástica por su bajo consumo de agua y electricidad y su buen desempeño, pero claro, segundaso. Sabía que fallaría pero confié en que tuviera arreglo.
Busqué por internet técnicos en lavadoras, alguien cercano que me me cobrara transporte. Servilava era el más cercano.
Llamé, di toda la información que solicitaron y dijeron que solo estaba disponible Andrés Olarte, pero que solo podría venir mañana por la tarde y que debía mostrarme su carné, por seguridad.
Me olvidé completamente de la cita.
Esa tarde había invitado a una amiga, marica como yo, a almorzar y al poco rato de despedirla sonó el timbre. Pensé que había olvidado algo y abrí la puerta. Casi me desmayo. Era el técnico; no podía ser nadie más. Yo estaba vestido muy marica, con ropa de mujer: Blusa con escote de tiritas, shorts cacheteros ajustados y sandalias rojas de dedo
– Es usted mar…
– Marica? Sí señor.
– No. Marcelo, iba a decir pero se me salió – Miré a su entrepierna
– Ah – dije decepcionado – no se ve nada salido
– Esta le gusta? – Dijo sacándose la verga a medio parar
– Precisamente, pero pase. Me engrasa el vertedero? – dije bajándome la pantaloneta
– Con mucho gusto – y se aproximó
– Vestidos? No papi, con esa verga tan bella quiero verte en pelotas – Nos desnudamos, ya lo tenía bien parado y era severo pene, largo y cabezón.
– Déjame primero lo saludo – Me arrodillé y le besé el glande y todo el palo, luego me costó trabajo meterme la cabezota en la boca pero pude y me fui comiendo su verga hasta el pubis… me ahogaba pero sentía rico esa cosota en mi garganta. Nunca había mamado una tan grande, y he mamado muchas.
Se hizo para atrás, me tomó de las axilas, me levantó y en vilo me llevó al sofá. Si ese sofá hablara, la de polvos que contaría. Me puso de rodillas y cuando me lo quiso meter brinqué.
– No papi, espere voy por vaselina que su pinga es muy cabezona
– Pero te gusta, no?
– Y mucho – dije al regresar con un tubo de vaselina – tome mijo. Me rellenó el ano y se frotó la poya.
Me lo enterró de una y empezó a bombearme, a veces lo sacaba y lo volvía a meter repetidamente, colmo ametrallándome el culo.
Yo me hacía la paja sintiendo esa culeada y pensando en lo que le contaría a mis amigas.
De pronto comenzó a darme verga más rápido
– Así papi, echame el polvo bien adentro
– Aquí va… me vengo… ay… ahí va. – Me lo clavó hasta apretar sus huevos contra mis nalgas y me lo dejó ahí reposando su pecho en mi espalda hasta que se le salió.
Se sentó a mi lado a verme terminar la paja. Puse la otra mano para recibir el semen y no manchar el sofá.
Todavía lo tenía parado y me agaché a chupar lo que le quedara de leche, que no fue mucho pero sí suficiente para tragar un buen sorbo. En seguida me comí mi semen y me mandé la mano al culo para recoger el suyo y comerlo también.
– Papi verga linda, diga en su trabajo que el daño era grande y tiene que volver.
– Por supuesto que sí. Movés el culo como dios manda.
Volvió al día siguiente, después a la semana siguiente y para la ultima ensartada llamó como al mes; acordamos cita pero no fue como antes
– Papi, estás tan distante…
– Lo se, es que hay alguien más
– Estas enamorado…
– Sí, es un tipo musculoso, que cuando se lo meto…. Aprieta el culo y me exprime la pinga
– Mejor que yo?
– Sí, pero no te sientas mal… solo es diferente, pero más rico
– Vete a la mierda pedazo de hijueputa – le dije empujándolo fuera de mí. Me levanté: – No quiero volverte a ver, aunque extrañaré tu pinga, pero abran quienes quieran comerme
– Seguro qué sí, eres un marica muy lindo.
No volví a verlo, pero sí a otros técnicos que llamé a que hicieran mantenimiento en mis electrodomésticos… y mi culo, por supuesto

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