¡Yo soy la que manda!

Somos un matrimonio de 52 años. Desde novios  hemos disfrutado de una vida sexual plena, que poco a poco con el paso del tiempo a ido decreciendo en su número, aunque no en su calidad. A lo largo del tiempo hemos ido introduciendo juguetes sexuales en nuestros encuentros, que se han convertido practicamente en imprecendibles.
Aún siendo de calidad yo soy un hombre que piensa mucho en todo lo relacionado con las prácticas sexuales. Busco por internet relatos eróticos y videos de muy variadas categorías dependiendo de en ese momento que es lo que me pica mi curiosidad.
Una de las prácticas sexuales que me ha cautivado es la del pegging. Ver a una mujer con tacones, en lencería negra con un arnés al que le ha colocado un pene de latex y con la mirada amenazante de “ahora voy a ser yo la que manda”, me ha atrapado hasta la obsesión desde ya hace unos años.

Lo único que me falta para que fuera todo perfecto es que a mi mujer le gustara “Ser la que manda”. Poco a poco  a base de pedirle que me metiera un dedo buscando mi próstata para masajearla, otras veces que me metiera un consolador de los suyos ya que le digo que me da mucho gusto. Mi mujer me complace sin problemas pero siempre primero tengo que.pedirselo, noto que no es algo que le guste hacerme. Desde hace mas de un año compré un arnés con un pene realístico vibrador y le dije que se pusiera lencería negra con medias y tacones y que me follara como a una puta. Poniendome yo a cuatro patas y sin ningun problema me me concedió el placer. Pero va pasando el tiempo y teniendo sexo de dos veces por semana, buen sexo pero yo siempre esperando que sea ella la que me diga  que me prepare el trasero que ” Hoy yo soy la que manda”. Como no llega ese dia, tengo que ser yo desesperado que le pido que se ponga el arnés para follar a su putita y es cuando me dice que a ella que lo del arnés no le gusta aunque se lo pone y me folla a cuatro patas, yo boca arriba levantando las piernas o ella debajo y yo cabalgando sobre ella con la polla dentro mi trasero hasta que me corro a trallazos de leche.
Pero me falta notar que ella disfruta complaciéndo mi deseo de ser penetrado como uma puta. En resumen me falta conseguir ver en su mirada “Yo soy la que manda” por lo menos cada tres relaciones de sexo fantástico que tenemos una de cambio de roles.

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