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Con Olga ,mi mejor amiga

Cómo un día de gimnasio con mi mejor amiga se convirtió en una apasionada aventura sexual bajo la ducha con ella.

Mi nombre es Marta, estoy casada con Carlos y suelo acudir al gimnasio tres o cuatro veces por semana. Pero lo que me ocurrió hace unos días fue una de las experiencias más excitantes de mi vida.

Recuerdo que era un martes y mi amiga Olga quiso acompañarme. Después de estar alrededor de dos horas realizando diferentes ejercicios, fuimos hasta el vestuario para ducharnos y así finalizar la jornada. El vestuario estaba totalmente vacío y, mientras yo me duchaba, Olga aprovechó para llamar a su marido. Unos minutos más tarde, cuando yo ya me estaba terminando de vestir, a Olga, al entrar en la ducha, se le cayó la toalla. No se por qué pero me excité muchísimo con el cuerpo de mi amiga: Sus grandes pechos turgentes, sus nalgas firmes y un pubis totalmente depilado. Sin pensarlo, me fui derecha a la ducha en la que estaba ella, le di la vuelta y le sorprendí con un beso. Su primera reacción fue apartarse, extrañada. Pero yo no quería irme sin tener sexo con Olga. Y volví a insistir. Ésta vez, mientras la besaba, mi mano empezó a acariciar sus pechos y, notando que a ella también le estaba gustando, mi mano fue bajando por su vientre hasta acariciar su sexo.

No se por qué pero me excité muchísimo con el cuerpo de mi amiga: Sus grandes pechos turgentes, sus nalgas firmes y un pubis totalmente depilado.

Olga y yo queríamos experimentar con nuestros cuerpos. Por eso ella comenzó a quitarme la ropa con gran rapidez. Primero fue la camiseta, luego el sujetador, la falda, y, por último las bragas. Era muy excitante ver a Olga descontrolada con el agua de la ducha cayendo sobre su cuerpo desnudo.

Tumbé a Olga en el suelo y le abrí las piernas. Quería sentir la humedad de su sexo en mi boca. Mi lengua no se cansaba de jugar. Pasaron los minutos. Quería dejar a Olga completamente excitada, a punto de alcanzar el clímax. Después tocó mi turno. Mi amiga me colocó de pie mirando hacia la pared con las piernas bien separadas y ella fue besando mi culo y mi clítoris, suave al principio y con gran pasión al final.

Después tuve una gran idea. Cogí un bote de desodorante de la mochila y lo introduje en la vagina de Olga con fuerza. A los pocos segundos alcanzó el clímax. Ahora me tocaba a mí. Y la idea que tuvo mi amiga tampoco estuvo nada mal. Ayudada con el bote de desodorante con el que se había corrido ella, tomó el grifo de la ducha y me dio agua a presión en el clítoris mientras lo recorría con su lengua. Fue una auténtica explosión. Me volví loca. Nunca había sentido algo así. El sexo en la ducha del gimnasio con Olga fue magnífico.

 

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