Mojar calzón

Si alguien me preguntara, de buenas a primeras: a ti, que te calienta? No sabría dar una respuesta única. Todo depende; de la persona, del momento, del ambiente.

Si alguien me preguntara, de buenas a primeras: a ti, que te calienta? No sabría dar una respuesta única. Todo depende; de la persona, del momento, del ambiente. Recuerdo a un compañero de baile, la única característica rescatable que podía atribuirle era que bailaba delicioso y nos entendíamos muy bien en ese sentido. Hay quien cree que los que bailan bien, verticalmente, lo hacen mejor de forma horizontal, no sé si me hago entender. Hasta el momento, no he podido contar con el número suficiente de especímenes de estudio para hacer de esa hipótesis una certeza.
Volviendo a mi compañero de pista, quedé gratamente sorprendida al descubrir que aquel hombre de poca estatura, un tanto pasado de peso y un rostro sin atractivo, era un verdadero diablillo desvergonzado. Un día, él se aburría en una reunión familiar y yo, iba en el metro, después de un día largo de trabajo. Iniciamos una conversación virtual, para matar el tiempo. Siempre hablábamos en las clases de baile, cuando coincidíamos como pareja, pero eran temas generales. Aquella noche, los temas eran más sugestivos, más picantes. Cuando iba a llegar a mi destino, le dije que iba a tener que suspender la charla porque había bebido mucha agua y la vejiga me iba a explotar. Su respuesta fue sorprendente y deliciosa: “Yo quiero mirar”. Creí que me mojaba, literalmente, en ese momento. Quién iba a pensar que tenía fetiches y que la lluvia dorada era uno de ellos; claro que esa solo era la punta del iceberg, había muchísimo más oculto, pero esa es una historia para otro día. En resumen, el abandonó la fiesta sosa y fue a deleitarse, y de que manera, con los mínivideos que yo le enviaba con intervalos, cruelmente, dilatados. El gozó a su manera y yo, a la mía por partida doble. Uy, al recordarlo ya mojé calzón.

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