A los 18, subía al auto con pollera escocesa y piernas cruzadas. En casa, duchas con puerta entornada, toallón que resbala, minifaldas frente a él: su mirada delataba deseo mudo.
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A los 18, subía al auto con pollera escocesa y piernas cruzadas. En casa, duchas con puerta entornada, toallón que resbala, minifaldas frente a él: su mirada delataba deseo mudo.
