Comerme la mano

Hacerme la paja es un ritual. Todo el mundo se hace la paja, la puñeta, se masturba o como quiera llamar la necesidad o gusto por desfogar tensión sexual cuando ninguna persona está al alcance.

Hacerme la paja es un ritual. Todo el mundo se hace la paja, la puñeta, se masturba o como quiera llamar la necesidad o gusto por desfogar tensión sexual cuando ninguna persona está al alcance.
Me la hice con cáscara de plátano; es rico como se desliza el pene ahí; también con el tubo de cartón del papel higiénico metiéndola entre el bizcocho y el borde de la taza sentándome encima.
Comerme la mano involucra un ritual, cuando la arrechera da tiempo.
Por lo general solo me saco la verga muy parada y a punto de disparar, no importa si estoy vestido, travestido o desnudo: me acuesto sobre la mano y deslizo el palo en la palma hasta que me lo agarro y me la como como si fuera una chimba o un culo, y me la follo hasta derramarme y contener el semen en el prepucio, me levanto, lo derramo en la mano y me lo bebo. Sí; me gusta el sabor del semen.
Cuando me travisto, y lo hago con todos los fierros: Tetas postizas, peluca, maquillaje, uñas pintadas de rojo, verde, azul o dorado, tacones altos de pies desnudos, y a veces brasier y pantis: pero la mayoría con una babydoll, mañanita translúcida; o con blusa y minifalda o shorts cacheteros.
Mi imaginación vuela sintiendo mi picha dura a punto de estallar… me acuesto bocabajo, me agarro la pija y me como la mano pensando que me dan por el culo
Cuando me pongo una babydoll, paso un rato mirándome al espejo, desfilando excitante, tanto que me la saco y…
Si visto una mañanita, igual, y me tomo fotos recordando la primera vez que un hombre me culió. Esa historia te la cuento en “Mi primera vez travestido”.
Si estoy de puta sexy, en minifalda ceñida, blusa escotada y tacones plataforma, no me descalzo; es más, me gusta verme alzando mi mini y viéndome los pies de uñas muy rojas calzados en tacones, voliándome la paja hasta que tengo que darme la vuelta y terminar en la mano.
Sí, mi mano izquierda es la puta marica, travesti que en privado soy.
Algún día lo haré de veras: vestido de puta en tacones plataforma de correítas, minifalda cachetera – que se me vean las nalgas – blusa escotada mostrando mis hermosas tetas potizas y el acostumbrador que se nota que tengo entre el culo, y que siento rico arañándome las entrañas cuando camino… Algún día.
Por ahora solo mi mano es mi compañera y amante, y como tal la maquillo. Me pinto las uñas: unas veces de rojo, otras de verde, azul o dorado… y viéndomelas lindas pinto las de los pies y me tomo fotos.
Me gusta hacerme la paja con las uñas maquilladas… si las llevo doradas me siento faraona; si azules o verdes me creo un poco punk; si rojas… soy la puta que siempre he querido ser.
Hice malabares para comprar tacones, porque gasté mucha plata comprando por talla hasta que decidí probármelos en la tienda. Me miraban raro pero no me importó: me los probaba, caminaba en los que me gustaban y los compraba.
Un día la dependienta me dijo:
– Si camina hasta la esquina se los regalo
– ¿De veras? ¿Y puedo hacerlo con varios modelos?
– Um, solo dos: pa la izquierda y pa la derecha
– Hecho
Ni corto ni perezoso me puse las plataformas negras de tobillera y volví por las sandalias doradas de tacón 5.
De regreso en casa no dejé de probarme atuendos con mis nuevos tacones y por supuesto me excité me hice un par de pajas maravillosas… hasta me metí un tacón por el culo.
Craso error… me herí… era tanta la excitación que me lo metí y me desgarré el culo.
Con mis tacones sexy no pude evitar cogerme la verga y apoyarla en la mano para comérmela soñando en que me metían una rica vera en el culo…
… y fue muy rico… me di verga a la lata hasta llenar mi mano de esperma… que lamí y disfruté lamiendo mi semen

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