Ingeniero agrónomo, casado y viajero, jamás fui Don Juan. Una avería me llevó al tren: horas de paisaje y rutina, hasta que subió una joven perfumada y nos cruzamos.
Años atrás llegué a Tabasco por trabajo: mis nuevas compañeras me desnudaron con la mirada. Pronto supe el precio oculto de algunos ascensos; yo entré limpia, pero deseada por todos.