El beso negro y los dedos en el culo me volvieron adicto. Con Stella el placer creció: 69 interminable, tragos mutuos y remate anal. No me excita lo gay, aún.
Separado y sin hijos, pasé del sexo rutinario a volverme pajero por necesidad. Salí con mujeres y conocí a Marcela: primer polvo brutal, segundo intento difícil, deseo ardiendo.