Relato Gay – El chico de la playa

Me iba arrodillando bien cerquita de frente al cuerpo del amigo de mi ligue. Él acababa de chupármela pero sentí que me faltaba más, ahora quería recibir

Me iba arrodillando bien cerquita de frente al cuerpo del amigo de mi ligue. Él acababa de chupármela pero sentí que me faltaba más, ahora quería recibir, y este otro chico, un poco mayor, de estilo más guachito, menos delicado, parecía activo. Ya de rodillas delante de suyo, se la arremangué y besé su glande con dulzura. Era una verga bonita, ni grande ni pequeña, limpia, un poquíto áspera y gustosa. Aunque mi beso fué realmente logrado, como de loca romántica, sólo se le paró un poquito, tímidamente, así que lo tomé de las caderas con delicadeza y empecé a chupársela con ritmo, sin dejar que se me escapara de la boca. No costó tanto, en un minuto ya tenía buena dureza y el chico ponía su mano en mi nuca ayudándome con el vaivén, metiéndomela un poco más de lo que yo permitía, apenas sin llegar a mi garganta. Yo me entregaba y él me hacía sentir correspondido. Pero no quise hacerlo acabar todavía. Lo solté y sin apuro me levanté besándole y mordiéndole un poquito las dos tetas antes de pararme del todo para mirarlo de frente y acercar mis labios a su cuello, o besé y le dije que si era activo y me hacía sentir bien, bien mujer, lo dejaba cojerme esa noche, en mi hotel o el suyo. Su respuesta fue mojarse la verga con saliva mientras me miraba a los ojos y, cuando la tuvo bien lubricada, más de lo que yo se la había dejado con mi saliva, hizo que me diera vuelta, me apoyó suave contra la piedra, me ordenó que cerrara los muslos, la metió entre ellos y empezó a frotar adelante y atrás mientras me abrazaba acariciándome los pezones con la yema de los dedos. Increible, nunca había pensado que podía acabar de esa manera. Después de mi primer orgasmo yo la tenía ahora un poco colgona y mi leche no era tanta y tan espesa, pero fue una sensación loca, casí me dolió. Recogí mi huasca con la mano, me solté dándome la vuelta y se la puse sobre su pija, masajeándola un poquito, mezclando las leches, como en una especie de pacto. Después de descansar un par de minutos, salimos de detrás de la roca y volvimos a la playa, donde arreglamos encontrarnos lo tres esa misma noche en mi hote,l que era mejor. Ellos reservarían una suite y yo los visitaría. Prometí dar y recibir. Dar como un verdadero chongo y recibir como una verdadera hembra con mi culito suave (muy suave) y complaciente (soy muy cuidadoso y siempre ejercité apertura y dilatación, desde mucho antes de empezar a hacerme cojer).

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