De fiesta en fiesta

Una apasionante noche en la que terminamos follando en el coche, ella y yo.
 
Recuerdo aquella noche inmejorable, cuando lo hicimos en mi coche, sin preocupaciones ni limitaciones. Solo ella y yo, acompañados de mi buga y unas hermosas estrellas.
 
Todo empezó un sábado cualquiera, con unos intenciones cualquieras, sin pensamiento alguno de terminar follando con esa chica. Ni la conocía, pero ya saben, las chicas son como son, una caja de sorpresas.
 
Llegué al parque, donde nos juntamos todos cuando se trata de fiesta un sábado noche, y más aun en verano. Y allí estaba ella, sentada en un banco con la mirada distraída. Solo tuve que mirarle a los ojos un instante para quedar perplejo ante esa chica. Fui directo hacia ella y me puse enfrente suya. Fue curioso porque estaba hablando por WhatsApp y cuando me vio soltó el móvil de inmediato, algo que hoy día es muy extraño. Se levantó.
–          Hola guapo, yo soy María
–          Yo Pablo, encantado de conocerte
 
Y nos dimos dos besos. Pero no unos cualquiera, fueron dos besos en las malditas comisuras de los labios. Sublime. Me quedé mirándola a los ojos y se le fue una efímera sonrisa. A mí también. Esta chica que acababa de conocer me ponía, y mucho.

Y allí estaba ella, sentada en un banco con la mirada distraída. Solo tuve que mirarle a los ojos un instante para quedar perplejo ante esa chica.

 
De estatura normal, más bajita que yo. Cuerpo perfectamente definido, con sus hermosas curvas. Ojos oscuros, pelo largo y moreno. Vestida con unos pantalones cortos y una blusa sencilla, un conjunto sencillamente precioso. Y sin ningún tipo de maquillaje, nada de nada. En resumen, era guapa por naturaleza.
 

Cuando llegó el momento de irnos a la fiesta aun no había hablado de nada con ella. Fue justo en el momento en que nos pusimos en marcha cuando empezó la historia que nunca olvidaré. Tardamos diez minutos en llegar al lugar del botellón y la fiesta, quizás los diez minutos más intensos de mi vida. Menos minutos fueron necesarios para que me quedara eclipsado con esa chica. Estuvimos hablando sobre nuestras cosas como si nos conociéramos desde hace años, con mucha confianza. Su forma de hablar, la dulzura de su voz, su sonrisa y su forma de mirarme. Todo en ella era especial. Nadie se hubiera imaginado que estos dos recién conocidos acabarían follando. 

Estuvimos hablando sobre nuestras cosas como si nos conociéramos desde hace años, con mucha confianza.

Hicieron falta sesenta minutos más de fiesta para que nos diéramos el primer beso. Con un par de cubatas ella, y yo con uno más, me incitó a que la acompañara a mear porque era el primer año que venía al pueblo y no sabía dónde ir para que no le vieran. Mi respuesta fue un rotundo sí. Cuando llegamos al callejón donde nadie la vería me dijo que no se estaba meando. No supe qué responder, pero ella si supo qué decir: “Solo quería un lugar donde poder estar a solas contigo”. Y la besé.
Nos besábamos como si no hubiera mañana, pero la cosa se empezó a poner caliente. Me metió la mano por el pantalón cuando ya estaba empalmado. Le levanté la blusa y le toqué sus hermosos pechos. Me detuve y le dije: “Aquí no, vayamos a mi coche”. Me mordió el labio y dijo: “Donde quieras, pero contigo.”
 
La monté en el coche, un Ford fiesta un poco antiguo, y la llevé a un descampado que yo conocía, en mitad del campo sin más iluminación que la de las estrellas y la luna. Nos fuimos a los asientos de atrás y empezamos a hacernos de todo. Mis manos jugaban con su cuerpo, desde abajo hasta arriba, sin dejar nada por tocar. Ella de la misma manera consiguió ponerme a cien. Nuestras lenguas se enredaban y cada vez teníamos más ganas el uno del otro. Estando ella encima de mí me susurró en el oído derecho mientras me tocaba el pene con la mano izquierda: “Fóllame, pero primero hagamos el amor”.Dicho y hecho.
 
Paso a paso fui excitándola y jugando con ella. Se dejaba, me dejaba, nos dejábamos. Yo estaba completamente excitado, ella mojada. Y pasamos a la acción. Follamos y follamos sin parar, el coche parecía tener vida propia, ella tenía un orgasmo tras otro y eso a mí me ponía más ardiente. Nadie me había follado mejor en mi vida. Pasamos de los asientos de atrás al del copiloto hasta llegar al punto de convertir el interior del coche en una sauna. No nos quedó más remedio que salir del coche. La levanté y la puse encima del capó hasta llegar a sacar todo mi éxtasis.
Al terminar nos vestimos y nos sentamos encima del capó, abrazados, contemplando la noche de estrellas, sin decir ni una palabra. Estuvimos juntos hasta la mañana siguiente.
 
Al día siguiente me llamó al móvil mientras ella iba en el tren camino hacia su pueblo. Nuestra historia había terminado, pero esa noche de fiesfa se quedó grabada en nuestra memoria.

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