Me deje llevar

Loba al asecho

A esa altura imaginaran que ya me había olvidado que venia mi marido, yo quería provocar al tipo.

Aun recuerdo esos jeans ajustados, celestes remarcando mis muslos y piernas, pelo húmedo, labios color carmín y una polera ajustada que destacaban aquellos pechos enormes que son mi característica mas notoria. Esa noche mis movimientos eran los de una loba al acecho y para el grupo de hombres, se hacia imposible dejar de mirarme, yo solo trataba de provocar a mi marido. Muchos hombres mayores, pero entre ellos uno que no me sacaba la vista de encima, 45 años alto fornido,al principio no le preste atención,pues era vecino, y cliente asiduo del negocio. Era una fiesta familiar, algunos ajenos y los vecinos, sus padres y hermana, también estaban. Yo caminaba de la puerta del negocio hasta la esquina, apenas una verda de 2 o 3 mts y volvia, mi esposo trabajaba enfrente en otro negocio.

El hacia el asado frente al negocio y no dejaba de mirarame, encima mi marido tardaba en llegar, en una de esas caminadas lo note mirando descaradamente mi cola y algo en mi exploto. Me hizo erizar la piel, me gusto, me atrajo, sentirme deseada y decidi caminar y moverme mas, inclusive acercarme para darle mejor vista. En una de esas vueltas su hermana comenzó a charlar conmigo y yo me agachaba poniendo toda mi cola a su merced. A esa altura imaginaran que ya me había olvidado que venia mi marido, yo quería provocar al tipo. Sin darme cuenta de pronto lo tenia al lado, y susurra en mi oído
-puedo sacar el vaso-su voz erizo hasta mi alma, mientras suavemente me acaricio la espalda de arriba hasta abajo-cuidado con la mellizas-me dijo, señalando que su vaso había quedado en medio. De un salto retrocedi, muda, congelada y colorada a mas no poder, el me miro sonriendo, se alejo y ahí supe por un instante lo cerca del fuego que estaba jugando. En eso la hermana me dijo que la acompañara a buscar algo que ya ni recuerdo, en ese momento llego mi marido, lo salude y se sento con mi familia, le avise que iba hasta la vecina y fui.

Me desnudo con la mirada, mientras yo navegaba por su pecho desnudo y mojado, y notando que solo tenia una toalla en la cintura.

Entramos por un largo pasillovarias habitaciones, luego fuimos a dar a un gran comedor donde mientras ella preparaba platos y otras cosas seguíamos la conversación. No se en que momento, el apareció ahí, sin remera y mirándome, otra vez me puse como tomate, me sentí acorralada y el no había hecho nada. – me doy una ducha – le dijo a su hermana y se perdió por el pasillo, que cuando salio el note que habían dos, seguimos unos instantes charlando y sono el celu de ella, me hizo seña que era su ex y comenzó a discutir, me pidió disculpas y salio por una puerta a un pequeño patio, y se perdió. Yo pensando y aterrada que el tipo aparezca, no tuve mejor idea que intentar salir de allí, sola y de los nervios ya no recordaba por donde entre, ni por donde había salido el. Encare por uno que estaba con poca luz, al final una puerta entreabierta y parecía la luz de la calle, apure el paso, y cuando llegue, para mi pesar era una habitación y la ventana daba a la calle justo a donde estaban todos. Gire y sus brazos contra la pared me cerraban el paso. Me desnudo con la mirada, mientras yo navegaba por su pecho desnudo y mojado, y notando que solo tenia una toalla en la cintura. Sonriendo me dijo
-te perdiste morocha?-acercandose-el peaje es caro aca-replico.
No podía reaccionar, atónita me quede, enicma el dejo caer la toalla, me agarro de la nuca y me beso de una manera que ya me había olvidado, sin mediar palabra, me empujo adentro cerro la puerta y quede estampada contra la pared. Perdi la nocion de tiempo y lugar, solo sentía su poder, su fuerza, su fuego, mi mano busco confirmar su sexo a punto de caramelo, el levanto mi polera, me arranco el corpiño, y me devoro los pechos, mis gemidos no se hicieron esperar, apretaba mis pechos, lamia mis pezones con pasión, desenfreno y experiencia. Yo perdida rogando que me haga suya, que no se hizo esperar, fue por mis jeans, abrió el botón, metio su mano llegando a mi vagina como un puñal, clavando un dedo y confirmando que estaba lista, mojada y caliente. Tomando mi cintura me giro, bajo los jeans a los tirones, apretando su pecho en mi espalda, besando mi nuca, susurrando en mi oído
-te quiero hacer mia-mientras su sexo rozaba mi humedad en busca de la cavidad elegida, me rodeaba con su brazo la cintura y me hizo doblarla hasta quedar en línea con sus deseos. Y entro sin mediar movimiento alguno, como una daga en su funda, mi humedad se lo hizo mas fácil, ahí una explosión de placer me hizo estremecer, comenzó a empujar, con ritmo duro, haciéndome sentir sus manos en mis caderas como manejándolas, acariciando la redondez de mis nalgas, mientras cada embestida hacia que mis pezones rozaran la pared, haciendo de lengua raspándolos.

yo enredada en mis jeans cai al piso, quedando de rodillas, justo para cumplir su deseo, acerco su sexo a mi boca, tomando mi cabello, empujo dos o tres veces y exploto con furia

Fue una cabalgada mortal, su habilidad me hacia sentir una adolescente aprendiendo de nuevo a gozar, sin sacarla me tomo de la cintura y fuimos al borde de la cama don de me hizo sentar sobre el. Ahí intente cabalgarlo, pero me tomo por las nalgas levantándome, y me marcaba el ritmo, solo sacando sus manos para apretar mis pechos o tirar mi pelo para besarme la boca. Sacaba orgasmo tras orgasmo, empujándome me saco, yo enredada en mis jeans cai al piso, quedando de rodillas, justo para cumplir su deseo, acerco su sexo a mi boca, tomando mi cabello, empujo dos o tres veces y exploto con furia, descargando a chorros todo su leche que trague para que no manche mi ropa , mientras el con los ojos cerrados deliraba de placer.
Me ayudo a alevantar y me dio una nalgada dura, seca, mientras yo subia mi pantalón, besando mi boca, mi cuello, acercándose a mi oído y sentenciando
-preparate morocha, que de ahora en mas, vas a gozar mucho-y salio por la puerta.
Yo arregle como pude mi ropa, Sali de la habitación, camine hasta la cocina y en ese momento volvia la hermana, que me cargo las cosas y me dice
-Vamos que nos matan- y salimos de la casa, hasta donde estaban todos, deje las cosas en la mesa como buena chica y me sente al lado de mi marido a disfrutar de la otra fiesta.
FIN

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